Literatura para disfrutar en pantalla grande

Consideraciones sobre el arte de la adaptación cinematográfica

18-jul-2009 Marcos Ripalda Ruiz

Aproximadamente el 60% de las películas que se producen cada año en el mundo son adaptaciones de obras literarias.

Tanto el cine como la literatura tienen un cometido narrativo, ya que ambos configuran relatos; pero, desde una perspectiva técnica, tenemos que partir de la base de que estamos ante expresiones artísticas, cine y literatura, con códigos lingüísticos totalmente diferentes, lo cual impone serias limitaciones a cualquier intento de comparación. También hay que distinguir entre obras que, por su enfoque y estructura, son más fácilmente traducibles al cine (obras dramáticas) y otras que prácticamente son imposibles de "transponer" al lenguaje cinematográfico (obras reflexivas).

Una adaptación consiste en transformar un texto literario en un texto fílmico, con la consiguiente modificación de la estructura y contenidos narrativos del original. Se trata de una puesta en imágenes que conlleva, en cualquier caso, supresiones, compresiones, añadidos o sustituciones ante la imposibilidad de contener la totalidad de la historia narrada en una película de duración estándar.

En ningún caso el guionista debe transcribir el estilo literario del original, pero sí le es factible reelaborar el discurso literario para adecuarlo al discurso fílmico, donde la progresión narrativa se modifica con respecto a la del drama clásico en el sentido de acentuar el conflicto y abreviar la extensión del planteamiento, mostrando en los primeros minutos de la acción todos los elementos necesarios para la comprensión de la historia.

En una película se muestran simultáneamente acciones, espacios y diálogos que el relato verbal ha de proporcionar de modo sucesivo. La acción cinematográfica sucede en el presente, mientras la narración literaria necesariamente se refiere a acontecimientos pasados. Además, el escritor puede ser todo lo minucioso que quiera, puede recrearse con pasajes descriptivos o con reflexiones de los personajes, que no tendrán cabida en el discurso fílmico. Por eso en el cine, donde prima la brevedad, se recurre a la elipsis (1), que requiere la cooperación interpretativa del espectador, el cual ha de rellenar esos espacios para dar sentido a la narración.

Siguiendo el planteamiento de Gimferrer (2), una adaptación "genuina" debe producir en el espectador un "efecto análogo al que mediante el material verbal produce la novela en el lector" . La adaptación literaria debe entenderse como una recreación del original que refleje tanto las características propias del medio fílmico como la interpretación subjetiva artística del guionista-adaptador. En este sentido, apunta la película Apocalypse Now Redux(2001), nuevo montaje de Coppola sobre el original de 1979, inspirado en la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas (1902), aunque la acción se traslada a la Guerra del Vietnam.

Algunas adaptaciones surgen de la obsesión del cineasta por plasmar cinematográficamente su propia interpretación de obras hacia las que tiene particular admiración, incluso hay directores que se identifican con el mundo propuesto por determinados novelistas o dramaturgos, caso de James Ivory con el escritor E. M. Foster, del que ha llevado a la pantalla, entre otras, Una habitación con vistas (1985) y Regreso a Howard Ends(1992). También pueden hacerse adaptaciones de obras de escaso valor literario y poco conocidas que dan lugar a grandes películas, caso de Psicosis (1960), dirigida por Hitchcock, sobre la novela de Robert Bloch. En cualquier caso, las adaptaciones de obras literarias emblemáticas avalan de antemano la obra cinematográfica resultante y cumplen una función divulgadora por el carácter masivo del cine.

Gran parte de los best-sellers son sistemáticamente llevados a la pantalla y en algunos casos se compran los derechos de un autor de éxito seguro (Crichton, Grisham, Pérez Reverte, J. K. Rowling), incluso antes de la publicación de la obra, al margen de cualquier pretensión artística, por supuesto. En España los derechos que se pagan por una novela oscilan entre los 24.000 y los 42.000 euros, aunque los autores con más nombre pueden cobrar hasta 90.000 euros.

No debemos olvidar que el cine también ha influido en la forma de narrar propia de la literatura. Este es el caso de algunas obras que se configuran como verdaderos "tratamientos cinematográficos". Esto sucede, por ejemplo, en Mi vida bajo la revolución, de Grace Elliot, cuyo resultado fue la magnífica película La inglesa y el duque (2001), de Eric Rohmer. También puede darse el caso de novelas escritas a partir de películas aprovechando el éxito de éstas, como el caso de Salvar al soldado Ryan, de Max Allan Collins, que proviene del film de mismo título dirigido por Spielberg en 1998.

Adaptaciones made in Spain

El cine español sigue nutriéndose de obras literarias de éxito. Cabe destacar, en los últimos años, dos historias ambientadas en la Guerra Civil española: El lápiz del carpintero, dirigida por Antón Reixa sobre la novela de Manuel Rivas, y Soldados de Salamina, mezcla de realidad y ficción sobre la figura del escritor y falangista Rafael Sánchez, adaptación de David Trueba sobre la obra de de Javier Cercas. Por su parte, tras el éxito de Juana la Loca, Vicente Aranda se arriesgó con la desigual Carmen, obra de Merimée, con Leonardo Sbaraglia y Paz Vega.

Conclusiones

El cine se nutre desde sus inicios de historias que antes fueron novelas, obras de teatro e incluso relatos cortos. De hecho, grandes escritores como Faulkner o Chandler trabajaron como guionistas. Y es que la literatura es un excelente caldo de cultivo para proyectos cinematográficos. Eso sí, no hay que olvidar que una película no es una novela, y necesariamente no puede serlo porque se manejan códigos diferentes. Así que, ya saben, a las temidas frases de "Me gustó más la novela" o "A la película le faltan cosas que venían en la novela", ni caso. Aunque es cierto que hay películas que no hacen justicia al original literario y películas que superan con creces a la novela de la que parten.

(1) La elipsis es un recurso narrativo que consiste en omitir parte de la narración son que se desvitúe el sentido general del relato. En literatura su uso es frecuente para comprimir largos períodos de la historia.

(2) Gimferrer, Pere: Cine y literatura, Barcelona, Planeta, 1986.

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