El verdadero Gran Hermano

Palabras sobre 1984, la genial novela-ensayo de George Orwell

01-ago-2009 Soledad Zitelli

Relecturas actuales, reales e imaginarias, de una obra emblemática y de un autor considerado una de las figuras de lengua inglesa más destacados del siglo XX.

El 16 de septiembre de 1999, Holanda fue testigo de la emisión del primer programa de Gran Hermano, el reality show internacional más famoso y popular del mundo. Más de 70 países lo han emitido en sus diferentes versiones, incorporándole las variantes locales. Sin miedo a cometer equivocaciones, se podría decir que miles de millones han sido sus espectadores alrededor del globo, más aún teniendo en cuenta que, en países como Gran Bretaña, ha tenido 19 ediciones o que en Alemania ha llegado a ser transmitido durante 1473 días.

Por supuesto, Eric Arthur Blair, autor de la célebre obra literaria 1984, nunca se enteró de esto, ya que murió casi 50 años antes de la aparición de Big Brother. Pero -y no es arriesgado decirlo- tampoco lo podría haber imaginado.

Un escritor protagonista

Blair fue un periodista y novelista que vivió de lo que escribió ya que, sin ánimo de redundar (en el sentido peyorativo de la palabra), siempre escribió lo que vivió.

Habiendo nacido en la India pero pasado mayor parte de su vida en Inglaterra, se opuso tempranamente al imperialismo británico, por lo que en su juventud prestó sus servicios en la Policía Imperial India en Birmania. Soportó de cerca la enfermedad y pobreza al sufrir las condiciones de vida de las clases sociales de los trabajadores de Londres y París. Asimismo se manifestó en contra de los totalitarismos nazi y soviético. Quizá por ello, y para liberar su pluma de la mirada atenta del control, decidió adoptar el seudónimo de George Orwell, nombre con el cual lo conocemos hoy.

Winston Smith

Los regímenes totalitarios se caracterizan por un monopolio de los medios de comunicación, la imposición de una ideología monolítica, la exigencia no sólo de obediencia sino de participación activa en las medidas policiales del Estado, y un aparato de policía secreta y de campos de concentración para disciplinar e incluso exterminar a los adversarios y disidentes.

Como un espejo cuyo reflejo hiere al mirarse, Owell nos habla en 1984 sobre el Ministerio de la Verdad, la ideología del partido, los 5 Minutos de Odio obligatorios y la Policía del Pensamiento conectada con el centro de torturas del Ministerio del Amor, como los elementos centrales que conforman la sólida superestructura del totalitarismo del Gran Hermano en esa mítica Oceanía.

Dentro de ese mundo, Winston Smith, el protagonista del al historia, trabaja en del Departamento de registro del Ministerio de la Verdad. Su tarea consiste alterar los datos en las noticias de los diarios o en los artículos de las revistas, para manipular el presente. En una Londres totalmente tecnificada donde la sociedad ha logrado manipular la naturaleza y la mente del hombre, la vida se desarrolla bajo el refugio de una deshistorización gustosa y de la cual el propio Winston es víctima. ¿Dónde estoy realmente? –se pregunta Winston- ¿Es en verdad éste el año 1984?

Precrimen, precogs, crimental

Winston es culpable de crimental, por lo que resulta un individuo potencialmente peligroso para la estabilidad de la sociedad y candidato perfecto para ser castigado por el Ministerio del Amor. "No te olvides, el Gran Hermano te vigila”, rezan en toda la ciudad las pancartas colgadas de las paredes.

La inventiva genial de Orwell hace sentir la escalofriante actualidad de una obra escrita en 1949, pero que vale tanto para hoy y en premonición de un futuro no tan lejano. Es posible ver que la inspiración de su obra ha traspasado todo límite imaginado, y hoy vemos puntos de contacto en películas como Minority Report, donde unos seres psíquicos, los precog, tienen visiones sobre delitos aún no cometidos o precrímenes y así convierten a personas aún inocentes en acusados.

Lejos de pretender plantear una tarea tan ambiciosa, Orwell recurre a un juego con los tiempos y los espacios para advertir que los peligros de los totalitarismos distan mucho de ser fantasías.

¿1948, 1984, 200...?

Las “vaporizaciones”, las torturas, la vigilancia continua a través de la telepantalla, la construcción de una verdad conveniente y el fanatismo por un régimen de ilusorio intercambio, son sólo algunos de los aspectos que esta novela-ensayo de ficción retrata a la perfección y que llegan a ser tan reales como un trozo de papel.

Y es que la política del terror desde el poder, tan nítidamente descrita en la novela a través de la policía del pensamiento y del triunfo de la sociedad mecanizada por sobre los valores humanos, ya está instalada en el mundo bajo formas diversas pero de manera poco disimulada. Tal es así que, al terminar de leer la novela, nos resulta inevitable preguntarnos si estamos realmente en el año 2009.

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